Desde
que era niña mi más grande afición fue leer. Desde la primaria mi parte favorita
de la clase de español era hacer las reseñas mensuales que nos pedían sobre algún
libro que nos gustara. También desarrollé una fijación muy intensa con el
español y sus tiempos verbales, y procuraba poner todos los acentos y no
cometer ninguna falta gramatical. En la secundaria mi inclinación hacia la
lectura no cambió, si acaso sólo se intensificó. Me la pasaba leyendo entre
clases, e incluso llegaba más temprano a la escuela para poder aventajar más
del libro que estuviera leyendo.
Todo
esto fue cambiando conforme fui adquiriendo diferentes intereses en mi etapa
adolescente. No dejé completamente de lado la lectura, pero sí fue disminuyendo.
Ya cuando terminé la preparatoria casi no leía y dedicaba mi tiempo a otras
cosas. Pero yo sabía que en el futuro me visualizaba viviendo de algo
relacionado con la cultura y la literatura, siempre fue algo muy familiar para
mí y yo estaba segura en hacer trámites para la licenciatura en Letras Hispánicas.
Esto cambió unas semanas antes de hacer trámites, cuando comenzaba a tomar “quizzes”
con mis amigos para ver hacia qué área laboral se inclinaba cada uno. A casi
todos mis amigos les aparecían cosas relacionadas con la administración y
economía, mientras que yo contaba con muy escasos resultados relacionados con
el arte y la música.
Esto
me hizo dudar acerca de mi futuro laboral, por lo que decidí ir con la corriente
y hacer trámites a Negocios Internacionales, carrera en la que quedé y en la
que permanecí casi un año, y de la que me quise dar de baja casi inmediatamente
después del primer día de clases. Me quedé tanto tiempo para ver si en algún
punto me gustaban las materias. Sólo le agarré gusto a la materia de inglés y
de mercadotecnia, curiosamente las más creativas de la malla curricular. Batallé
mucho con la decisión de darme de baja, no porque no supiera a qué me quería
dedicar realmente, sino porque, a mi parecer en ese entonces, en esa carrera me
esperaba un futuro económico más certero y seguro que el que me esperaba si
decidía cambiarme a Letras. Pero al final de cuentas no quise vivir una vida
que no me gustaba y me atreví a hacer el cambio.
Cuando
salió el dictamen y vi que sí quedé en la carrera, mi reacción fue muy
diferente a la de mi carrera anterior: esta vez estaba emocionada, y no podía
esperar a que fuera el primer día de clases. Cuando comencé la carrera yo me
esperaba un espacio académico en el cual se fomentara la cultura y la historia
detrás de la literatura que íbamos a estudiar según la malla curricular que
aparecía en la página del centro universitario, y fue para mi agrado que así ha
sido a lo largo de la carrera. También esperaba un espacio en el cual se
impulsara la escritura de los jóvenes. Y sí, pero muy diferente a lo que yo
imaginaba. Los profes nos impulsan a publicar ensayos, investigaciones y
ponencias, mientras que yo llegué con algunos cuentos y minificciones en mis
notas del celular.
Extrañamente,
una de las cuestiones que todavía me causan conflicto en la carrera es sostener
mi gusto por leer. Cuando antes leía libros por montones, después de entrar a
la carrera tengo suerte si termino unos cuantos libros al año. Eso es porque me
enfoco en leer las lecturas obligatorias de las materias, que me nutren y me gustan
mucho, pero que me ponen de nervios porque tienen fecha límite de entrega junto
con algún análisis crítico o ensayo al respecto. Además, ahora ya no me
conflictúa ver o cometer faltas gramaticales, ahora entiendo que la lengua está
viva y en constante reinterpretación.
En
general, la licenciatura en Letras Hispánicas me ha confrontado en diferentes
maneras, sobre mis gustos, creencias y pasiones, y si en realidad me veo
ejerciendo esta profesión en el futuro. Ya en la recta final me doy cuenta que en
realidad ningún futuro es cierto. Es una declaración tal vez no muy alentadora
pero a mí me da tranquilidad, porque sé que puedo forjar mi camino con las herramientas
que he adquirido y colocándome en espacios en los cuales pueda seguir
desarrollando mi gusto por la cultura, la literatura y el arte, y si tengo
suerte, vivir de eso.
Espero
que en el futuro pueda seguir contando historias y siempre tener personas con
quién compartirlas.
AaaAh qué interesante! Me alegra que hayas seguido a tu corazón y estés más cómoda en esta carrera :)
ResponderEliminarEl dinero siempre va y viene, diría mi awuelita, pero la felicidad no.
Me da gusto que al final hiciste lo que te gustaba. Por algo pasan las cosas :)
ResponderEliminarTe quiero mucho, amigasauria. Ojalá sí vivas del arte, lo espero de todo corazón porque eres hiper talentosa. Un abrazo.
ResponderEliminarQue bueno que el final decidieras estudiar algo que realmente te interesara. Y sobre el gusto por la lectura, quiero creer que, una vez que terminemos la carrera, va a regresar xd
ResponderEliminarQue bueno que al final conseguiste elegir lo que te hace feliz, al final sólo te quedas con esos momentos para recordar.
ResponderEliminarGabi, que gusto leerte. Me hiciste recordar a aquellos tiempo de primer semestre, en el que nos contaste esto a las chicas y a mí 🤧
ResponderEliminarDefinitivamente, me sentí bien identificada con eso de estudiar una carrera que no quería, por presión social y un "mejor" futuro, económico y laboral. Pero míranos, ya casi terminando la carrera.
Es muy normal el dudar sobre si realmente estás haciendo lo correcto, y si te encuentras en el lugar indicado; pero no me cabe duda, que vas por buen camino.
No te preocupes por no leer como antes, he descubierto que es algo muy normal cuando estás estudiando Letras. Quién quita y saliendo, recuperes esa racha lectora 😉
Sabes que te deseo lo mejor en todos los ámbitos ❤
Así es, creo que todos los de Letras podemos sentir ese amor-odio por la lectura a veces. Sin embargo, yo te diría que he encontrado un balance, no hay que dejar que el montón de lecturas académicas nos detenga del placer de la lectura por el placer mismo. 😊 No sé si sea un buen consejo, pero es lo que yo he aplicado durante la carrera.
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